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 - HINO DO CHILE (HIMNO DE CHILE)
O primeiro hino nacional do Chile data de meados de 1819, quando Bernardo O'Higgins* encomendou ao poeta chileno-argentino Bernardo de Vera y Pintado a letra do hino que ele desejava para a nova nação. A composição da música ficou por conta de Manuel Robles que estreou oficialmente no dia 20 de Agosto de 1820. Porém, esta versão durou até o ano de 1828, quando Mariano Egaña, constitucionalista chileno e ministro em Londres, decidiu encomendar uma nova música devido à s crÃticas que recebeu. O novo compositor foi o espanhol Ramón Carnicer, que na época estava exilado por sua oposição ao rei da Espanha, Fernando VII.
A música manteve o poema de Bernardo Vera y Pintado e foi estreado em Santiago, no teatro de Arteaga em 23 de Dezembro de 1828, num concerto da Sociedade Filarmônica.
Terminada a luta pela independência e restabelecidas as relações diplomáticas com a Espanha, em 1846 o encarregado de negócios da Espanha no Chile, Salvador Tavira, se opôs a alguns versos de Bernardo de Vera y Pintado por serem injuriosos e hostis à Espanha. Por esse motivo, o governo de Manuel Bulnes Pietro encomendou a substituição das estrofes ao jovem poeta Eusebio Lillo Robes.
* Bernardo O'Higgins foi um militar e estadista chileno, considerado o pai da pátria. Foi uma das figuras militares fundamentais da independência e o primeiro chefe de estado do Chile independente sob o tÃtulo de Diretor Supremo entre 1817 e 1823, quando renunciou voluntariamente ao cargo para evitar uma guerra civil, exilando-se no Peru até a sua morte.

Veja abaixo a primeira versão do hino chileno na coluna da esquerda e a versão definitiva na coluna da direita:
- Dulce Patria, recibe los votos
- con que Chile en tus aras juró
- que o la tumba serás de los libres
- o el asilo contra la opresión.
- Ciudadanos: el amor sagrado
- de la patria os convoca a la lid:
- libertad es el eco de alarma
- la divisa: triunfar o morir.
- El cadalso o la antigua cadena
- os presenta el soberbio español:
- arrancad el puñal al tirano
- quebrantad ese cuello feroz.
- Habituarnos quisieron tres siglos
- del esclavo a la suerte infeliz
- que al sonar de sus propias cadenas
- más aprende a cantar que a gemir.
- Pero el fuerte clamor de la Patria
- ese ruido espantoso acalló
- y las voces de la Independencia
- penetraron hasta el corazón.
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- En sus ojos hermosos la Patria
- nuevas luces empieza a sentir
- y observando sus altos derechos
- se ha encendido en ardor varonil.
- De virtud y justicia rodeada
- a los pueblos del orbe anunció
- que con sangre de Arauco ha firmado
- la gran carta de emancipación.
- Los tiranos en rabia encendidos
- y tocando de cerca su fin
- desplegaron la furia impotente,
- que aunque en vano se halaga en destruir.
- Ciudadanos mirad en el campo
- el cadáver del vil invasor...;
- que perezca ese cruel que el sepulcro
- tan lejano a su cuna buscó
-
- Esos valles también ved, chilenos,
- que el Eterno quiso bendecir,
- y en que rÃe la naturaleza
- aunque ajada del déspota vil
- Al amigo y al deudo más caro
- sirven hoy de sepulcro y de honor:
- mas la sangre del héroe es fecunda
- y en cada hombre cuenta un vengador.
- Del silencio profundo en que habitan
- esos Manes ilustres, oÃd
- que os reclamen venganza, chilenos,
- y en venganza a la guerra acudid.
- De Lautaro, Colo-Colo y Rengo
- reanimad el nativo valor
- y empeñad el coraje en las fieras
- que la España a extinguirnos mandó.
- Esos monstruos que cargan consigo
- el carácter infame y servil,
- ¿cómo pueden jamás compararse
- con los héroes del Cinco de Abril?
- Ellos sirven al mismo tirano
- que su ley y su sangre burló;
- por la Patria nosotros peleamos
- nuestra vida, libertad y honor.
- Por el mar y la tierra amenazan
- los secuaces del déspota vil
- pero toda la naturaleza
- los espera para combatir:
- el PacÃfico al Sud y Occidente
- al Oriente los Andes y el Sol
- por el Norte un inmenso desierto
- y el centro libertad y unión.
- Ved la insignia con que en Chacabuco
- al intruso supisteis rendir
- y el augusto tricolor que en Maipo
- en un dÃa de triunfo nos dio mil.
- Vedle ya señoreando el océano
- y flameando sobre el fiero león
- se estremece a su vista el Ãbero
- nuestros pechos inflama el valor.
- Ciudadanos la gloria presida
- de la Patria el destino feliz,
- y podrán las edades futuras
- a sus padres asà bendecir.
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- Dulce Patria, recibe los votos
- Con que Chile en tus aras juró
- Que o la tumba serás de los libres
- O el asilo contra la opresión.
- Ha cesado la lucha sangrienta;
- ya es hermano el que ayer invasor;
- de tres siglos lavamos la afrenta
- combatiendo en el campo de honor.
- El que ayer doblegábase esclavo
- Libre al fin y triunfante se ve;
- libertad es la herencia del bravo,
- la Victoria se humilla a sus pies.
- Alza, Chile, sin mancha la frente;
- conquistaste tu nombre en la lid;
- siempre noble, constante y valiente
- te encontraron los hijos del Cid.
- Que tus libres tranquilos coronen
- a las artes, la industria y la paz,
- y de triunfos cantares entonen
- que amedrenten al déspota audaz.
- Vuestros nombres, valientes soldados,
- Que habéis sido de Chile el sostén,
- nuestros pechos los llevan grabados;
- Los sabrán nuestros hijos también.
- Sean ellos el grito de muerte
- que lancemos marchando a lidiar,
- y sonando en la boca del fuerte
- hagan siempre al tirano temblar.
- Si pretende el cañón extranjero
- nuestros pueblos osado invadir;
- desnudemos al punto el acero
- y sepamos vencer o morir.
- Con su sangre el altivo araucano
- nos legó por herencia el valor;
- y no tiembla la espada en la mano
- defendiendo de Chile el honor.
- Puro, Chile, es tu cielo azulado,
- puras brisas te cruzan también,
- y tu campo de flores bordado
- es la copia feliz del Edén.
- Majestuosa es la blanca montaña
- que te dio por baluarte el Señor,
- Y ese mar que tranquilo te baña
- te promete futuro esplendor.
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- Esas galas, ¡oh, Patria!, esas flores
- que tapizan tu suelo feraz,
- no las pisen jamás invasores;
- con tu sombra las cubra la paz.
- Nuestros pechos serán tu baluarte,
- con tu nombre sabremos vencer,
- o tu noble, glorioso estandarte,
- nos verá combatiendo caer.
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